Hubo una etapa en mi vida en la que no tenía amigos y deseaba que llegara el fin de semana para poder ir a verla. Se convirtió en mi mejor amiga por años. La quería tanto. Me divertía tanto con ella que me daba igual todo mi alrededor. Para mí ella no era un simple gato; era como parte de mí. Siempre que estaba mal ella lo sabía; iba detrás mía sin hacer ruido y cuando me sentaba a llorar refregaba su cuerpo y maullaba en forma de: ''todo va a salir bien''. Pero lo más importante para mí no era el hecho de tener una amiga a pesar de que fuera un animal. Para mí lo más importante fue que al poder conocer esa gata y a aquel tiempo en el que no tuve amigos, fue cuando descubrí que me encantaban los animales y descubrí la unión tan fuerte que puedes tener con un animal. Descubrí que la felicidad no tiene porqué dártela un humano sino que simplemente un animal, una vez a la semana, te puede hacer mucho más feliz de lo que te imaginas.
Y este relato es real; es mi historia. Y no sólo lo escribo para contar este fragmento de mi vida; sino que quería contároslo para que reflexionéis. Porque hace ya un par de años que mi mejor amiga me abandonó y quería dedicarle esto. Porque siento un vacío en mí. Así que pensad; si tenéis una mascota tratarla como a un amigo porque es lo que realmente debería de ser.
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